Leer con Fall In Love de Richard Clayderman
En la dulce tarde el viento juega con las hojas de los árboles y deja escapar un pétalo de almendro, que planea con la elegancia de un fénix para posarse sobre el agua cristalina de un estanque. Un reflejo vive en el espejo del agua y junto a él una muchacha admira el paisaje. Es un alma libre que se siente atada, y sin embargo hoy cree hallar la respuesta a sus plegarias. Pasó semanas en su tormento. Cientos de noches en día se anidaban a sus espaldas, tantas como minutos de sufrimiento vividos, y sin embargo hoy podía admirar como la claridad del sol bañaba su corazón. Era una hermosa espera en un hermoso lugar para un inicio nuevo y feliz. Tenía la sensación de que esta vez sus pasos no se perdería en las tinieblas. Esta vez la esperanza se hacía patente y la abrazaba para que no sintiese el frío de la soledad. Cuantas veces la había deseado... cuantas tardes de lluvia acompañándola con sus lágrimas... cuantos sueños enjaulados que al fin encontraban la libertad... No sabía si esta tarde sería aquella en la que su alma estuviese destinada a resucitar, pero el menos la ilusión le daba la mano para impedir que se la cogiese el miedo. No podía evitar que la duda ensombreciese su vida, pero había algo en su interior que le decía que las dudas eran mentira, algo que le mantenía a flote en su océano de tristezas, ella sabía que por una vez todo saldría bien.
Mientras todas estas ideas se mezclaban en su cabeza, junto a la par que miles más, una sombra se alejaba de la espesura que formaban los árboles del parque, y se acercaba a ella con el sigilo de un fantasma. Con su ser en éxtasis él admiraba su figura, su hermosura, la belleza de su alma, y tenía la esperanza de que con ella fuese todo bien. Le quemaba el deseo de abrazarla y protegerla de sus miedos, de sus preocupaciones, del mundo cruel en el que ambos consiguieron sobrevivir hasta encontrarse. La ilusión de poder estar junto a ella desde ese mismo momento le iluminaba la tez hasta transformarla en la cara de un ángel.
A tres centímetros de ella él aspiro el aroma de su cabello pensando que acababa de encontrar el cielo. Entonces ella se volvió y sus ojos se encontraron. Fue entonces cuando ambas esperanzas se convirtieron en una sola, fue entonces cuando descubrieron sus sueños en los ojos de otro, fue entonces cuando, sin palabras, se juraron amor eterno, y sellaron su juramento con un abrazo y un beso bajo la atenta mirada de los tranquilos cerezos.
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Posted on Friday, 06 February 2009 at 7:06 PM
Edited on Saturday, 07 February 2009 at 10:57 AM